Desde que el espectador se adentra en el caleidoscópico mundo de Federico Fellini, siente como esa sensación de burla lo acoge, lo distrae, lo destroza y lo lleva a experimentar un sin fin de emociones que llevan a la imaginación a un punto orgásmico en donde el autor es el elixir mismo de la imaginación onírica, quien al igual que la estructura del postimpresionismo “es el primero en renunciar por principio a toda ilusión de realidad y en expresar su visión de la vida mediante la deliberada deformación de los objetos naturales”.[1]
¿Como hacer para ver a Fellini y no sentir esa repulsa invitacion a lo desconocido, a su mente llena de figuras dramáticas y personajes patéticos, al universo de juegos, saltos y sonrisas a destiempo? Federico piensa en todo, lo siente todo, es un genio incapaz de no hacer que la escena mas sencilla tome dimensiones trascendentales, es un verdadero arquitecto de los sueños que despeja la linealidad del “mundo real” y crea un espacio donde solo se puede vivir bajo la tesis en la que nada es absolutamente real y que todo puede ser transgredido.
Este escrito tiene pretensiones de develar dos particularidades que componen ese maravilloso e inquietante universo Felliniano, las cuales son en definitiva: la atmósfera circense y la expresión onírica, terminado en como se compaginan las dos para que el cine sea una proyección esencial de la programática creativa del autor.
El entorno circense
Cuando se habla de circo, se piensa un espacio lleno de payasos, saltimbanquis, trapecistas, animales exóticos, etc. Un lugar lleno de magia, donde la gente acude a divertirse y a admirar situaciones que lo alejen de su cotidianidad; pues bien, Fellini retoma todo ese fragor animoso y lo convierte en cine.
Para el director italiano, el circo lo es todo, pero no el sitio que comprende la carpa con sus atracciones dentro, sino el que compone la misma humanidad, para Federico Fellini el mundo es un lugar risible, lleno de sarcasmo, ironía, burla, es un espacio que como dice el “esta lleno de aire, de juego y de ejecución, de fiesta y de matanza, de gracia y de locura”[2].
En el momento de apreciar cada uno de sus filmes, se puede dar cuenta de la innegable particularidad bufonesca que llena todos los espacios de la película. Mírese por ejemplo “Los Inútiles (1953)”, un grupo decadente de tipos fracasados en los que su único motor de vida es la bebida y las mujeres, y el único que piensa la vida, el intelectual, escribe comedias para teatro. En esta cinta se puede notar una de las formas en las que fellini concibe su circo, es decir, la sátira. Si se observa por ejemplo “La Strada (1954)”, se puede identificar su segunda manera de poner en esta ese universo circense del que tanto se habla, es decir, la tragedia. Es común preguntarse ¿Qué hace la tragedia en el circo? Precismanete porque se entiende que la risa y la diversión no puede mezclarse con la naturaleza mortífera y repleta de maldad que habita en la tragedia. Precisamente en Fellini esas categorías le son esquivas, pues el puede hacer que la risa mas extendida o la caricia mas sublime, se transforme en instrumentos del dolor, de violación y muerte, sin dejar ese aroma a gracia que tanto lo caracteriza.
En “La Strada ”, Gelsomina es uno de sus payasos, quien cae en un mundo oscuro y decadente, lleno de criaturas maléficas y patéticas, y que jamás deja su candida inocencia. Su aspecto servil y placido, la hace una autentica payasa, quien tapa con el maquillaje del sentimiento los atropellos de la vida.
Cabe resaltar que Federico Fellini es un reiterado pesimista, un decadente declarado que mira al mundo desde la perspectiva sombría del poeta que ríe de su infortunio, explícitamente, del payaso, que a la postre es lo que lo redefine y lo distingue de cualquier otro artista.
En el universo circense Felliniano se distingue su payaso por excelencia, el complemento que le da un toque decadente y gracioso a sus proyectos, es decir, a Giulietta Messina, quien como comenta el autor “Giulietta: me parece una actriz singularmente dotada para expresar con inmediatez los estupores, los sustos, los frenéticos regocijos y los cómicos oscurecimientos de un payaso”[3].
Aquí se entra a tocar otro aspecto en este mundo de sueños, y es la identificación del actor payaso, aquel que el autor exalta por encima de todo, cosa que no todos los artistas toman con regocijo; “esta definición, para mi gloriosa, es acogida con fastidio por los actores, que quizá sospechan que encierra algo reductivo, poco digno, tosco. Se equivocan, en mi opinión, el talento payasil de un actor es su dote mas precioso, la manera de una aristocrática vocación por el arte escénico”[4].
En este espacio de circo se ha podido identificar su figura clave en cuanto a la presentación actoral, pero esta misma, tiene un desglosamiento del carácter del payaso, pues Federico los distingue de esta manera: el que lleva el liderazgo, abofetea y se mofa de su igual le da el nombre de “payaso blanco” y a quien es abofeteado, humillado y destazado por la burla, se le conoce como “augusto”. Sí se lleva esto a la ejemplificación en su cine, “La Strada ” es prueba fehaciente de ello, pues Zampanó es claramente identificado como el “payaso blanco”, quien burla azarosamente a su “augusto”, en este caso Gersomina, quien en repetidas ocasiones ve como su par la somete al yugo inclemente del abuso violento de su dignidad. Pero si se traslada esto fuera del cine, a un plano por decirlo de alguna manera “real”, se observa como por ejemplo en la familia, los padres serian los “payasos blancos” y los niños, los oprimidos “augustos”.
En esta representación de universo circense en la obra Felliniana se encuentra un sabor a rompimiento tanto con lo social como con lo artístico, pues sus Films se debaten o se tambalean en una crítica al contexto social, sazonadas por la plástica y la estructura poética finamente demostradas en cada una de sus imágenes; porque el circo no es solo el de sus películas, es el del mundo mismo, lleno de “payasos blancos” destruyendo los destinos de un “augusto” pueblo sumido en la ignominia y el oprobio de los tiempos. Fellini no solo quería recrear un mundo de imaginación poética donde esto fuera posible, el quería figurar este a su modo particular de verlo, sin salirse del marco artístico en que se ha movido siempre, pero también sin dejar de lado el compromiso que tiene con su ser critico y con su sociedad.
La exclamación onírica.
Federico Fellini es un autor que desde una perspectiva personal, rompe con la forma de representar el surrealismo en el cine, es quien se relaciona más con los actos de sueño, quien deja implícita esa materia onírica en cada uno de sus trabajos, desestabilizando la estructura narrativa en la que el lector pueda tomarse para seguir; en Fellini todo es insospechado, nada es presupuestable.
Parece absurdo afirmar que un autor surrealista sea insospechado, pero todo esto tiene una esencia justificable. Cuando se observa el cine surrealista de Luís Buñuel, el entendido (es decir, quien sabe como es el cine de Buñuel) puede seguir fácilmente la estructura narrativa, aunque vale decir que con esto no se pretende quitarle virtuosismo o complejidad a la observación del mundo Buñueliano; solo se afirma, que cuando este autor forja su mundo lo hace de manera paralela, casi simétrica, es decir, rompe absolutamente con los parámetros de la realidad, donde todo es absurdo y no sorprende ver a un elefante en una sala de baile como en “La Edad De Oro (1930)”, o a un muerto que llama desde su sepulcro como en “El Fantasma De La Libertad (1974)”.
Con esto se afirma que la complejidad del mundo de Buñuel es total, de rompimiento con lo real, en cambio en Fellini siempre queda el sabor agridulce de que lo observado puede llegar a ser producto del anhelo o del sueño; Fellini no rompe radicalmente la realidad, solo recrea el mundo desde sus dos perspectivas, lo establecido y lo onírico, desestabilizando al espectador que no sabe sobre que postulado regirse “lo que admiro ilimitadamente en Jung es haber sabido hallar un punto de encuentro entre ciencia y magia, entre racionalidad y fantasía; el permitirnos atravesar la vida, abandonándonos a la seducción del misterio con la consolación de saber que es asimilable a la razón”.[5]
En este plano espacial que comprende la obra del mencionado autor, se encuentran retratadas toda una serie de vivencias, anhelos, perversiones, desconserciones y traumas de situaciones perdidas en los insondables laberintos de la memoria, y que salen en tintineantes efusiones de lucidez, haciendo de sus películas un álbum de recortes de su propia vida expresadas en imágenes yuxtapuestas como salidas de los chispazos de recuerdo de un amnésico; es esto precisamente lo que dificulta el adentramiento a ese mundo de brumas, no ya un postulado absolutamente filosófico como en Buñuel, sino un estudio personal del acontecer psicológico del ser humano.
El estar en el mundo desde la propuesta artística de Fellini esta planteada con la inocencia y observación de un niño que interroga al mundo, “pienso que de niños todos mantenemos una relación difusa, emocional y soñada con la realidad; para el niño todo es fantástico porque es desconocido, nunca visto, nunca experimentado. El mundo se presenta ante sus ojos totalmente desprovisto de intenciones, de significados, vacío de síntesis conceptuales, de elaboraciones simbólicas”[6].
Es preciso traer a colación una de sus cintas mas representativas, aquella que causa un impacto violento a quien devenga sensibilidad, “8/2 (1963)” es la obra donde todo lo señalado anteriormente se hace visible, el juego insospechado con las actitudes de lo real y los espacios de sueños, el autor lleva al pensar mismo del espectador, sumiéndolo en una trama de aspecto psicológico en donde convergen los sentimientos mas oscuros, violentos y bellos del ser humano.
Esta cinta es una oda a la angustia, a su angustia, que es la de todos, dibuja finamente el sentimiento propio del poeta visionario y la desolación que es su fiel escudera en la elucubración explicativa de un mundo sumido en el marasmo de la inconciencia; claro que todo esto matizado por el color y la musicalidad bufonesca propia de su concepción de mundo.
Cuando se aprecia en todo su esplendor esta expresión del arte, se entra a debatir el estado mismo de la vida, de los sentimientos, la relación con el otro, la razón y hasta la sin razón, todo converge en un cosmos profundo de debate expresivo desde donde se puede tocar la misma humanidad, pues ese estado fantástico desde donde lo real se sitúa al lado de la creación sublime producto de ese estado creador que es el estado de sueño, es lo que hace realmente fundamental el estudio de la exclamación onírica del universo Felliniano.
Conclusión
Al comienzo del escrito, se hablo sobre que estas dos características del autor ya tratadas anteriormente, deberían complementarse para darle una forma fundamental a todo aquello que compone ese cosmos de ensoñación, de coyuntura con lo real, de canto a la desolación, que es en síntesis, la obra de Federico Fellini.
El planteamiento del universo circense, de juego, bufa y sarcasmo, contrastada a la exclamación onírica llena de postulados psicológicos, de mundos decadentes y sentencias angustiosas es lo que define el pensamiento del autor, pues este, al igual que la historia literaria del último siglo pretende “la renovación del lenguaje mismo”[7]. Como se ha expresado antes, se aleja del fiel prototipo de irrealidad donde el espacio es transgredido por igual como en Buñuel, o donde la estética y la poesía del movimiento surrealista se concatenan en una sola para dar manufactura a un mundo donde la “escritura automática” esta implícita, y la imagen tiene la misma estructura de la poesia, como en las formas fundamentales de la obra de Jean Cocteau.
Fellini se sale de esa esfera y como plantea Stravisnky, se sumerge en la especulación, y crea un universo distinto, un lugar propio en el que él mismo, como sujeto viviente y sus experiencias convergen y se sitúan en un arte del recuerdo distorsionado, donde la imagen, la música y el color llevan a quien lo aprecie una forma extraña de situarse en el mundo.
No se pretende decir en ninguna medida, que el virtuosismo inminente de Fellini se ponga por encima de sus colegas de visión, (aquellos anexos al surrealismo) solo se intenta describir ese estado trascendental y metafísico contenido en él, y obviamente diferenciarlo de las demás enunciaciones, pues lo bello del arte o de la expresión artística es que no hay dos iguales, pues siempre va a primar la perspectiva particular del creador.
En este universo creador que compone Fellini, se nota indiscutiblemente el sentir de quien no desea sino proyectar su esencia misma, no es en ninguna medida un cine de postura o de exageración, es un arte en medida de la necesidad de evocación, donde “el sueño se convierte en paradigma de toda imagen del mundo, en el cual realidad e irrealidad, lógica y fantasía, trivialidad y sublimación de la existencia forman una unidad soluble e inexplicable”[8] para darle forma a ese airoso circo del sueño que es Federico Fellini y su proyecto creativo.
[1] Bajo El Signo Del Cine, Decadencia De La Cultura , Pág. 269.
[2] Hacer una película, Federico fellini, pag. 183
[3] Hacer una película, Federico fellini, pag. 96
[4] Hacer una película, Federico fellini, pag. 96
[5] Hacer una película, Federico fellini, pag.134
[6] Hacer una película, Federico fellini, pag.129
[7] Bajo el signo del cine, el arte moderno, pag. 271
[8] Bajo el signo del cine, surrealismo, pag. 277
